Bibliotecas y libros en una experiencia audiovisual/virtual de la cultura

Pablo Iglesias

Tal vez constituya la Biblioteca Pública un modo concreto de existencia de bienes, un modo concreto de la existencia de la circulación de objetos, que pertenecen a todos pero que a fin de cuentas no pertenecen a nadie.
La Biblioteca constituye en la actualidad un espacio que nos conduce a la reflexión acerca de sus funciones, de su relevancia y del lugar que ocupa en la cultura contemporánea. Asimismo, nos conduce a preguntarnos acerca de la temática del archivo, en un nivel más amplio. El filósofo Jacques Derrida (1997: 12) pronunciaba certeramente en una conferencia en el año 1994:

Ningún poder político sin control del archivo, cuando no de la memoria. La democratización efectiva se mide siempre por este criterio esencial: la participación y el acceso al archivo, a su constitución y a su interpretación.

Nuestra experiencia de la cultura puede definirse en tanto experiencia audiovisual. Se nos presenta como bastante lejana de lo que puede constituir una experiencia letrada o, en otras palabras, una experiencia libresca de la cultura. En efecto, las periódicas renovaciones en el campo de las técnicas de archivación han comportado sucesivamente consecuencias en diversos órdenes. ¿Cómo funciona, entonces, o cómo puede funcionar hoy, ese espacio letrado que constituye la biblioteca, dentro de una experiencia audiovisual, especificaríamos ‘experiencia virtual’, de la cultura?
La temática de la Biblioteca ha interesado a varios pensadores a lo largo de la historia, quienes han reflexionado en ensayos, en cuentos, en entrevistas, no solamente en torno a la Biblioteca sino también en torno al libro en tanto objeto físico. En nuestro país, un escritor de referencia respecto de estos temas es, sin duda, Jorge Luis Borges. En 1941, en su ficción “La biblioteca de Babel”, ponía en consideración la sospecha de “que la especie humana —la única— está por extinguirse y que la Biblioteca perdurará” .
Por su parte, Ítalo Calvino, poco antes de su muerte en 1985, dejó preparadas unas conferencias que pronunciaría en Harvard, pero cuyo fallecimiento impidió. Fueron recopiladas bajo el título Seis propuestas para el próximo milenio (1989); en ellas, el autor emprende sus proposiciones con una definición del siglo XX en tanto

el milenio del libro, dado que ha visto cómo el objeto libro adquiría la forma que nos es familiar. La señal de que el milenio está por concluir tal vez sea la frecuencia con que nos interrogamos sobre la suerte de la literatura y del libro en la era tecnológica llamada postindustrial. (p. 13)

Umberto Eco también ha ofrecido reflexiones acerca de la temática que nos ocupa. Coetáneo y coterráneo de Calvino, ya comenzado lo que para éste sería el ‘próximo milenio’, específicamente en el año 2003, considera ingenua la pregunta acerca de la obsolescencia del libro respecto de internet o los sistemas multimedia. En la historia de lo que él denomina “la historia de esto-matará-a-aquello” (Eco, 2003) pueden realizarse dos formulaciones de la pregunta: a) ¿desaparecerán los libros en tanto objetos físicos? y b) ¿desaparecerán los libros en tanto objetos virtuales? Para el semiólogo,

los libros seguirán siendo imprescindibles, no solamente para la literatura, sino para cualquier circunstancia en la que se necesite leer cuidadosamente, no sólo para recibir información sino para especular sobre ella. Leer una pantalla no es lo mismo que leer un libro.

Para finalizar esta brevísima exposición, si consideramos la Biblioteca no ya con esa mayúscula inicial, sino toda la palabra en minúsculas, para significarla como espacio vivo, no resultará fácil acordar con Walter Benjamin. En un artículo que data de 1931, titulado “Desembalo mi biblioteca”, el filósofo ejecuta la siguiente reflexión:

no hay biblioteca viva que no acoja varias criaturas semilibrescas, procedentes de campos limítrofes con el libro

La idea de ‘criaturas semilibrescas’ adquiere una actualidad contundente en el contexto de una experiencia virtual de la cultura. En efecto, podemos interrogarnos acerca de la esencia del objeto libro: ¿qué es hoy un libro? Para finalizar, diremos junto con Umberto Eco que los libros continuarán siendo “los mejores compañeros de naufragio” (Eco, 2003); ninguna pantalla, ninguna conexión virtual podrán sustituirlo.

Referencias Bibliográficas

Benjamin, Walter [1931], “Desembalo mi biblioteca. Un discurso sobre el arte de coleccionar”. En Denkbilder. Epifanías en viajes. Bs. As., El cuenco de plata, 2011.
—— — — — — —, “La biblioteca de Babel”, Obras completas, Emecé, 1974, pp. 465-471.
—— — — — [1985], Seis propuestas para el próximo milenio, Círculo de lectores, 1989.
Derrida, Jacques [1994], Mal de archivo. Una impresión freudiana, Madrid, Trotta, 1997.
Eco, Umberto, “Resistirá”, Suplemento Radar, Página/12, domingo 7 de diciembre de 2003.

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